TRUMP RELOADED

REVISTA VÉRTIGO
07 Febrero 2020
TRUMP RELOADED

Una figura creada con un sentido y valor histórico dentro de la arquitectura constitucional estadunidense es el famoso impeachment. Un real freno ante cualquier posible yugo tiránico en defensa de la república, que en una ruta trazada desde el revanchismo político parecería tener un desenlace conocido en la actualidad: absolución de los cargos imputados a Donald Trump y un posible fortalecimiento político en vías de su reelección.

La Constitución de Estados Unidos establece que existe la posibilidad de destitución al titular del Poder Ejecutivo en casos de traición, soborno u otros crímenes o delitos graves. He aquí que los demócratas norteamericanos han colgado en la responsabilidad del presidente número 45 de dicho país dos imputaciones que, más que encontrar una resolución satisfactoria en el cauce del Derecho, parecería que se moverán mayormente en los argumentos de una política bipartidista altamente polarizada.

De ahí la importancia de que el desahogo de pruebas, testimoniales y argumentos sea circunscrito meramente a la argumentación jurídica más que a la apreciación contaminada por las elecciones presidenciales, que este año acontecerán en el mes de noviembre.

Lo anterior parecería altamente improbable. Es muy cierto que la configuración en la participación legislativa de ambas cámaras ha definido y tendrá mucho por definir en el destino legal del presidente Trump. Por una parte la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes consiguió la formalidad en la acusación pero, por otra parte, la mayoría republicana en el Senado, que es donde se desarrolla el juicio, previene una casi segura absolución.

 

Estrategias

A esto último lo sostiene una reflexión: de los 100 escaños que existen en la cámara alta norteamericana, 53 son ocupados por integrantes del Partido Republicano. Además de ser ya una mayoría natural, en caso dado, a efecto de conseguir una votación mayoritaria para destituir al presidente se precisarían 20 de esos votos republicanos favorables para alcanzar las dos terceras partes requeridas para el fin legal que buscan los demócratas. Difícil, sí, bastante; imposible, casi.

Se le pueden señalar al presidente estadunidense diversas cuestiones en negativo; sin embargo nadie puede regatearle la agilidad personal para mofarse de enemigos y convertir su Twitter en una verdadera herramienta de comunicación política.

Aquí nuestro país eventualmente tendrá que asumir postura y ser uno de tantos actores y naciones de quienes se esperará la convalidación de un presidente republicano que no tendrá mayores ataduras en su camino hacia la reelección. México ha expresado su férrea voluntad por redefinir los principios de política exterior hacia la no intervención, pero en una delgada línea donde Trump nos ha impuesto la adopción de políticas que a más de un mexicano contrarían, como es el caso de la migratoria; no dudemos que el Donald Trump fortalecido y sin trabas venga con sorpresas y peticiones que refuercen su carrera hacia noviembre.

El presidente “recargado” en una investidura fortalecida, donde seguramente se presentará como una especie de héroe incomprendido que venció a las oscuras fuerzas políticas que trataron de detener las acciones para hacer a America great again, podría arremeter nuevamente contra México en mayores peticiones y señalamientos que exalten ese nacionalismo estadunidense exacerbado. No olvidemos que precisamente eso fue lo que lo distinguió y a la postre fue una de las estrategias que lo llevó a asumir el mando de la nación en 2016.

En el caso de lograr el desenlace absolutorio sería la oportunidad que Trump busca para ampliar un campo de mando que cuestionaría los principios de control que la Constitución establece. Es el envión que requiere para poner en acción a los cabilderos y legisladores leales en conjunto, para conseguir un descarado nuevo nivel de Poder Ejecutivo que sin duda afectaría la política interna del país. Ello conlleva una redefinición de temas migratorios, de seguridad social, de seguridad nacional y por supuesto de intercambio y convivencia con otros países.

México deberá estar preparado para un presidente que se aproximará, si esto transcurre como se avizora en un primer asomo, a una figura ejecutiva de control férreo que hará lo necesario para mantener la supremacía estadunidense en diversos rubros. Al tiempo.

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