¿Algo que celebrar en mi ciudad?

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14 Octubre 2019
¿Algo que celebrar en mi ciudad?

Estas líneas no son la catarsis que proviene del resentimiento. No es el manifiesto de rijosidad personal hacia alguien en particular, ni es letra encargada empapada en el lodo de la política. Lejos de las filias cromáticas, consta que yo mismo he sido crítico del acontecer del partido político que en su momento me postulara, y no camino con la simulación conveniente ni con el dogmático comportamiento que aborrega y priva del juicio y la crítica sustentada. A la distancia se aprende a transitar con lecciones aprendidas y con la dignidad ganada en el deber cumplido. Ahí la clave de mi autenticidad en lo venidero donde se puede morir de mil maneras, pero se puede resucitar en un millón de posibilidades.

Por ello hoy me decido a levantar la voz como un ciudadano más en esta ciudad angelical, barroca, heroica, cenicienta y lastimada. La Puebla romántica, la de nuestros amores cada día más acentuadamente se nos va de las manos en una huida que nos relega al abandono, a la inseguridad, a la pobreza y al poco lustre de un municipio que estaba destinado a fulgurar.

No es extraño que así ocurra cuando el encumbramiento de los destinos públicos recae en aquellos que como en la batalla de Yahuarpampa los sorprendió la grandeza de la victoria, y no tenían en su acaecer un gramo de mérito, conocimiento o experiencia. Evito adjetivos y juicios pero lo evidente a veces es de imposible ocultamiento.

Lejos del pomposo informe o la publicidad contratada, no hay nada, o quizá muy poco que celebrar en Puebla a un año que Claudia Rivera nos aconteciera a los poblanos. Entre estos 548 mil 889 metros cuadrados de territorio, los cerca de dos millones de habitantes todos los días embarcamos en un navío que apenas mantiene la línea de flotación y que además surca aguas embravecidas. Tenemos antecedentes de malas decisiones y condiciones adversas si, por supuesto, pero si se aúna ello a la conducción de un gobierno chusco y falto de talento y oficio, parece que el destino sigue siendo bastante lóbrego para todos.

Rayamos en la inviabilidad por inseguridad que ya nos ha aprisionado en nuestros hogares. Dicho problema se ha ido de la posibilidad de ser controlado palpablemente. Lo afirmo lejos de las percepciones, aun cuando las funestas experiencias ya son tema en cada sobremesa de la ciudad. Solo me apoyo en la objetividad que otorgan  las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, donde experimentamos los poblanos un incremento rampante por asaltos, amenazas, narcomenudeo, lesiones, secuestros y trata de personas. Y los números nos llenan de pánico: en 2019, de enero a agosto en este noble municipio se registran 9 mil 453 averiguaciones que comparadas con el mismo periodo correspondiente a 2018, representa un 33% de incremento ante las 7 mil 110 del pasado año.

A pesar del esfuerzo de quienes arriesgan su vida por protegernos, seguimos en la ruta de la descomposición. Y a veces no se puede cargar la culpa sobre la policía exclusivamente, ya que pareciera que no es tan grave el asunto cuando aún se sigue fomentando la disparidad de condiciones laborales y sueldos, como si el contexto no fuese suficiente para polarizar aún más el grave problema de atención a la inseguridad. Con variaciones tan extremas en percepciones a activos policiacos que van entre los 3 mil 284 pesos hasta los 31 mil 415.

Hemos hablamos constantemente de lo profundo en torno a secuestros, extorsiones y los desafortunados feminicidios y homicidios cometidos en la demarcación. Pero significativamente raspa la cantidad de asaltos y robo de autopartes. Una denuncia cada cinco horas por robo a mano armada en contra de transeúntes u automovilistas en esta lastimada capital poblana. Esto representa un incremento del orden de 41%, alarmante e irrisorio si desglosamos que en 2018 se cometían 798 robos y en este desafortunado 2019 nos han tocado mil 126 casos. Aquello sin contabilizar el lado oscuro de la no denuncia. Al igual ocurre con el desvalijamiento que en nuestras calles se hace de los vehículos. De 146 incidentes en 2018 ahora vamos por poco más de 274. Módico y vergonzante incremento de 88%.

Mismos vehículos que al transitar en estas ruinosas calles arruinan su marcha con baches de hasta un metro de diámetro, pliegues y montículos y malas condiciones o, carencia de pavimentación. Nuevamente no lo inventa un “adversario político”, lo sustenta en estudios el Colegio de Ingenieros; profesionales que a primera vista, y con una breve muestra aleatoria perteneciente a todo el municipio, encontraron que en vías de circulación primaria, la carencia de reparaciones o la realización de reparaciones cosméticas tienen a mi Puebla en un daño notorio aproximado del 68% de vialidades. Lo dicen también 8 de cada 10 poblanos, quienes mantienen al deficiente estado de vías de circulación como uno de los tres principales problemas de la capital.

¿En serio tan superfluo les resulta el problema que sólo destinaron 43 millones de pesos presupuestales para paliar este entuerto?. ¿Pueden más los dispendios en viajes borrosos, los gastos publicitarios inflados en la revista Cuetlaxcoapan o en la exposición fotográfica “la ciudad de Puebla y sus habitantes en los albores del siglo XX”?. ¡¡Qué decir del subejercicio!!. Igualmente es dañino a la sociedad y al patrimonio público el desviar recursos como no saber cómo legal, estratégica y responsablemente invertir presupuestos donde corresponde solucionar problemas. Tampoco lo digo yo, la propia Comisión de Gobierno Abierto y Comunicación confirmó que hay un subejercicio de mil 400 millones de pesos que correrían el riesgo de regresarse ante la inutilización. Problemas existen, inversiones se requieren, ahí están los fondos; ¿qué más necesitan para ponerse a trabajar como les corresponde?.

Caminamos por calles de nuestro centro histórico, donde ya se esconde penosamente la calidad de Patrimonio de la Humanidad ante la inmundicia que deja el desorden, el ambulantaje y la informalidad desmedida y hasta cínica que condena al comercio establecido a la carencia. Vemos cómo proliferan los puntos de narcomenudeo en mercados y casonas, en vecindades y esquinas, cómo la prostitución y la vagancia urbana ya son estampas naturales.

Se siente cómo nuestras juntas auxiliares no encuentran más que la promesa de integración a la prosperidad y cómo con resignación sus habitantes voltean la espalda hacia la puerta que supuestamente estaría abierta para su atención.

Si apeláramos al rigor de un esquema organizacional de productividad y salarios, la Señora Presidenta Municipal no devenga con eficiencia sus 83 mil 402 pesos de sueldo. Aun con la adulación de quienes apoyan el aplauso en la conveniencia de un convenio o de una atención, sabemos todos al mirarnos de reojo que no vamos bien. ¿Para qué engañarnos?.

Pero adicionado a ello, la percepción de contar con un “gobierno” municipal caricaturizado, anclado a los consejos esotéricos que apelan al movimiento de los astros y la vibración de energías. Desdibujado del apego colectivo, falto de personalidad y mando, evasivo de sus reales responsabilidades, ambiguo en el apego político hacia sus iguales de signo, apalancado en los comentarios y loas elogiosas que sustentan las dádivas y el presupuesto público, ahuyentado del profesionalismo de la política pública….. divorciado de miles de hogares cuyo destino sigue siendo el abandono, el desinterés y la desesperanza.

No renuncio como muchos a mi derecho de disentir en los rumbos y expresarlo enérgicamente. Quiero a mi Puebla victoriosa; nadie más desearía como yo que las cosas fuesen distintas. En un contexto de políticos que buscan la foto publicitaria más que la satisfacción honrosa de la tarea hecha, en una trama donde la crítica de opositores solo raya en el vómito carente de argumentación y en un escenario donde la credibilidad del ciudadano mengua, aquí estamos los habitantes de la Puebla de nuestros amores para recordarles que esta es nuestra casa, que nos asiste el derecho de reclamar lo que hasta ahora por impericia y soberbia nos tienen negado.

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