EDUCANDO A DOS MÉXICOS

REVISTA VÉRTIGO
30 Septiembre 2019
EDUCANDO A DOS MÉXICOS

Lamentable resulta el producto de la contrarreforma educativa recientemente aprobada en la Cámara de Diputados, pero más lamentable resulta que de forma muy preocupante estamos entrando a un escenario educativo que optará por ahondar las brechas existentes, mismas que han significado diferencias de desarrollo en un país que polariza duramente en este rubro.

La educación es uno de los pilares fundamentales del desarrollo, tanto de las naciones como de los individuos, uno de los derechos sociales fundamentales evaluados en la medición multidimensional de la pobreza en México por el Coneval, el único real motor de inversión social hacia la grandeza de un país y considerado como un derecho que consagra nuestro artículo tercero constitucional.

Del entramado de complejas demandas que implica su ejecución, adicional a la labor del Estado también se permite y necesita de la aportación de los particulares en la educación. Nos encontramos ante una estructura de personal que corre por dos vías paralelas: por un lado, profesores y maestros laborando en el sector privado, como profesionales y prestadores de servicios; y, por el otro, maestros trabajando en escuelas públicas, que son parte de la burocracia y nómina estatal.

“El desarrollo de las potencialidades es el camino para superar los retos de la pobreza y la falta de libertades”

En un contexto nacional de astringencia presupuestal y donde parecería que los intereses sindicales se sobreponen a la planeación estratégica para la calidad y excelencia educativa se ve con desasosiego que hay el real riesgo de que la educación impartida por el Estado no alcance plenamente a satisfacer todas y cada una de las necesidades de los educandos, sobre todo si se encuentra supeditada a la presión política ejercible hacia el país.

Caso distinto sucede con la educación particular desde la enseñanza, aprendizaje y dominio de una o más lenguas extranjeras, hasta métodos de enseñanza vanguardistas y sobre todo redes de acceso a oportunidades. Además de evitar el aberrante enraizamiento de la concepción de que el mérito no sirve para nada, más allá de burlar penosamente la evaluación de capacidades por parte del magisterio y muchos otros puntos controvertibles, también debe ser una preocupación de núcleo equilibrar con suma urgencia la media de calidad entre lo público y lo privado referido a educación, pero parecería que volvemos a transitar en el sentido contrario.

Mecanismo

Por ello México se divide en dos. Por un lado el norte del país, que según datos del INEGI reportó un crecimiento promedio de 3.3% anual; por otro, los estados del sur, que apenas alcanzaron 1.1% anual.

La educación es un indicador crucial para esta diferencia. Además de la calidad debemos hablar de la cobertura y alcance. Los estados con mayor educación promedio (medida en años cursados) son Ciudad de México (11.1 años), Nuevo León (10.2) y Sonora (10), mientras que en Chiapas, Guerrero y Oaxaca se promedian alrededor de seis años de educación por persona.

Poco relevante resultarían los anteriores datos de no ser porque gran parte de la responsabilidad de la labor de servicio educativo en dichos estados recae en organismos públicos. Educandos de las escuelas más marginadas en zonas como Chiapas, Oaxaca y Guerrero carecen de la infraestructura mínima para tener buenas clases. Sufren constantemente por el ausentismo docente, que se encarga —particularmente en estas zonas— de labores sindicales y de protesta más que de la enseñanza.

El problema se vuelve mayúsculo si consideramos que más allá de ser uno de los derechos fundamentales se trata del único mecanismo a mediano plazo para fomentar la movilidad social. Estudiosos como Amartya Sen determinan que el desarrollo de las potencialidades es el camino para superar los retos de la pobreza y la falta de libertades. La educación es la principal formadora de estas.

Entendemos que la asignación de recursos y la responsabilidad sobre la estructura burocrática es mayúscula. Sabemos que hay una fuerte responsabilidad tanto hacia los educandos como hacia los profesores y empleados del Estado, pero pedimos como nación calidad en la atención y cuidado que reciban los niños en su espacio educativo. Esa es la verdadera responsabilidad histórica. Esa es la gran tarea pendiente: romper la brecha, dejar de educar a dos Méxicos

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